“Di no al racismo en todas las lenguas”
El Comité Olímpico español promueve la campaña, muy interesante y digna de difundir. Yo quiero uno.
Fuente:canal solidario
“Di no al racismo en todas las lenguas”
El Comité Olímpico español promueve la campaña, muy interesante y digna de difundir. Yo quiero uno.
Fuente:canal solidario
Quedan pocos días para el lanzamiento de Metroo (un nuevo proyecto 2.0 del que poco se sabe todavía) y aún no se ha enseñado el logotipo.
La promoción consiste en que pinches la imagen, justo en el momento en que Metroo ya este abierto aparecerá el logotipo oficial.
Si eres tu la primera persona que ves el logo, haz clic y luego completa los datos necesarios y….ganamos un Ipod!!! Es importante que en el momento en el que veas el logo pulses lo más rápido que puedas.
A ver si hay suerte
Si recorremos a ojo de pájaro la televisión peruana podemos darnos cuenta que está teñida de estereotipos, esta teñida de “Perú”, el cholo, el negro, el pituko, el del barrio… pero, si ahora nos fijamos en la publicidad… creo yo encontrar un Perú que hace un esfuerzo y se cuestiona, se ríe de si mismo, o por lo menos lo intenta.
Muchos de estos y algunos de los mas recordados spots o anuncios publicitarios nos han llegado de la mano de Gustavo Rodríguez: Yungay, Los niños del correo, el pollo a la brasa de la Ong Acción por los niños, las uvas del pisco peruano, los héroes de Caretas, etc.
En fin y resumiendo, ahora Gustavo tiene algo más que decirnos: “Traducciones peruanas” un libro de editorial Norma, donde entre otras cosas he leído esto:
“(…)Salgo del ascensor y camino al departamento. Imagino que su vista debe ser maravillosa. Toco y se demoran en abrirme. Mi amigo es un empresario que nunca se interesó en los temas sociales. Nuevamente me pregunto ¿de qué tema de inclusión querrá hablarme? ¿Tendrá piscina este edificio? El habitante de una barriada sin conexión a agua potable paga diez veces más por un metro cúbico que un acaudalado poblador de San Isidro. Somos un país de paradojas. Me abren por fin la puerta. La joven empleada de la casa me hace pasar y por sobre su hombro veo venir al dueño de la casa que abre los brazos jubilosos. Le sonrío, y pienso rápido. ¿Lo hago, o no lo hago? Decido que sí. Saludo a la chica con un beso en la mejilla, y ella se desconcierta. Quizá mi amigo también. Pero si vamos a hablar de inclusión una cosa debe quedar clara: si esta no empieza por casa, lo demás es hueveo(…).”
Y yo solo tengo que agregar que estoy de acuerdo. Menos decir y más hacer… y echarle un vistazo al libro.